Cuando era un niño me explicaron que habían dos equipos en Costa Rica: Saprissa y Alajuelense.
Los clubes no deberían tener personalidad propia, pero la tienen. Entrenadores, jugadores y dirigentes cambian, pero algo permanece intocable: la energía que se transmite de aficionado a aficionado. Para Saprissa esa energía es positiva y para la Liga la energía transmitida es negativa.
En ese vaivén vinieron en los años siguientes las crisis y el descontento de los aficionados. Puede que ese desencanto se debió al miedo. Miedo a no ser el mejor. Miedo a quedarse en el camino. Miedo a desaparecer. Miedo a perder. Y por orden de magia surgió la ingenuidad y el engaño.
Alajuelense es tercero en la clasificación de este torneo, cerca del primer lugar, Sub campeón en el torneo anterior, bicampeón centroamericano y de Copa, campeón de Recopa y mejor por Costa Rica en el ranking de clubes al mundial de FIFA.
Saprissa es quinto en este torneo a diez puntos del primer lugar, eliminado del anterior campeonato centroamericano, del torneo de Copa y del pasado torneo nacional. Además en el último año cambió tres entrenadores por malos resultados.
Una noche un brujo fue llevado al Estadio Ricardo Saprissa para que echara un vistazo y aseguran que confirmó una maldición. Para eliminarla realizó un ritual: regó polvos y semillas en las cuatro esquinas del terreno de juego, las áreas y el círculo central. Se especula que también se orinó en algunos sectores de la cancha.
Unos años después un sacerdote fue llevado por uno de los jugadores de Saprissa, para que limpiara la mala suerte, bloqueara los malos espíritus y los hechizos del brujo que estaban frenando el buen accionar del equipo .
Además Saprissa cambió el monstruo que adoraban los niños porque tenía cara de bonachón. Al comprar el equipo un empresario mejicano, porque el club estaba quebrado, lo sustituyó por un dragón para darle más energía.
Todos esos rituales, crisis económica y malos resultados internacionales lejos de llevarlo al abismo deportivo, los aficionados lo catapultaron a renovar su energía.
Alajuelense, por el contrario, cada vez que llega a las finales del campeonato nacional disminuye su energía impulsada por una afición cuya ansiedad se transmite desde las gradas y contagia a los jugadores. Ansiedad que la llaman maldición. Todo es perfectamente racional y explicable porque creer en una maldición puede tener un profundo efecto psicológico.
Sería necio negar esas dos situaciones. Saprissa un equipo que no ha ganado nada en el último año, pero la energía de sus aficionados aunque están lejos del primer lugar, lo llevan a ganar partidos sin jugar bien. Alajuelense, que juega mejor que los saprissistas, sus aficionados le llevan las malas vibras al equipo por miedo y los hace susceptibles a ser dominados.
Ese es el poder de Saprissa: la capacidad de generar miedo y propagarlo, mientras que en Alajuelense propagan el miedo a perder y quedarse en el camino porque creen en una maldición que no existe.
** El autor tiene una Maestría en Comunicación. Licenciatura en Periodismo y Educación Física. Además es entrenador de Futbol y Baloncesto.